Los cardos se preñaron de un color violeta y ensancharon sus flores en la noche, entonces, conté hasta diez detrás de una luz que me raspó los ojos para verte. Después tuve una sombra en mi interior que taponó desde mi vientre a mis arterias, y el deleite fue ponerte tras mis sienes de cristal. Jugaba el fuego con mis miedos y cantaban buos con mi voz de verde oscuro, negro horizonte donde nadie vio el amor. Así entonando burdos cantos a la vida, seguiste siendo el gran espejo vitalicio, de un cangrejo un molusco del destino, una mosca en telaraña, una rama de un arbusto ya podada. Y la tierra de tus pasos se detuvo, ante el baño imprevisible en campos verdes, de un violeta empedernido y algo tenue, un violeta de los cardos mis amores.
ESTAMUY BUENO, LO QUE PONES AQUI
ResponderEliminarGracias Mario pero el talento de esa pluma es de Pedro, un amigo, como vos, que me ayuda a escribir mi historia.
ResponderEliminarAnsioso espero tus aportes y tu encuentro.
Un gran abrazo y toda las gracias del universo.